16/6/10

¡DIVINO TESORO!

No dejo de sorprenderme de los cambios que están habiendo en tiempos casi presentes todos, y me refiero concretamente a este país nuestro llamado España. Los cambios son a nivel sobre todo europeo, pero es asombroso ver las reacciones en cadena que están provocando. Resulta que nos hemos vuelto de repente menores de edad, sin criterio ni capacidad para organizar nuestra propia casa y hemos de agachar la cabeza cuando nuestro nuevo padre todopoderoso -Bruselas- nos da un coscorrón e impone la línea de actuación que hemos de seguir. Lo mismo ocurre dentro de nuestro país, con las comunidades y el papá Madrid. Una amiga de antaño decía: "es que la lay es la lay", con su sonrisa pícara. Y la "lay", como no está pudiendo con los vientos corruptos que nos hunden, va y se inventa nuevas lays que desvíen la atención de los problemas que de verdad nos acosan. Aprovechando que el Tajo pasa por Roma va y empieza a señalar con el dedo a los inmigrantes y sus vestidos.

Alguien escribió un día de éstos que esta sociedad se ha identificado con los ricos, ha adoptado sus valores y sus espectativas y creo que es cierto. Los pobres son los inmigrantes, aunque lo diga un inmigrante del resto de España en Catalunya. O que lo diga el hijo de un emigrante español en Alemania. Hay grados. Ellos no llegaron aquí en patera, aunque a algunos se les ha olvidado su maleta de cartón. Muchos de ellos tampoco se han adaptado a la tierra que les dio de comer, a sus costumbres ni a su lengua, pero la culpa de todo la tienen los inmigrantes (cuanto más pobres, más culpa) y por éso les gritan cada vez má fuerte, como los nuevos ricos que creen ser, que los echen. Este gobierno (estos gobiernos) con todos sus políticos dentro escuchan esos gritos encrespados, tan alejados del centro del huracán de corruptos, se frotan las manos y dicen: los gobiernos no pueden dejar de escuchar la voz del pueblo, de la sociedad. Si ellos piden leyes contra los inmigrantes, busquemos justificaciones que permitan que las dictemos.

Mientras, jóvenes de aquí y de allá compartiendo bancos de parques con los viejos. Mientras, otros de aquí y de allá maquinando nerviosamente modos de cubrir sus necesidades y las de los suyos de la manera que sea. Mientras, una juventud que se parece cada vez más a pesar del color de la piel, del idioma, del vestido, mira el futuro sin esperanzas.

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